Alejandra Pizarnik
Las aventuras perdidas
(1958)
Como el viento sin
alas encerrado en mis ojos
es la llamada de la
muerte.
Dónde el ángel,
dónde su palabra.
Oh perforar con vino la suave necesidad del ser.
Yo no sé de
pájaros,
no conozco la historia
del fuego.
Pero
creo que mi soledad debería tener alas.
Señor
La jaula se ha vuelto
pájaro
y se ha volado
y mi corazón
está loco
porque aúlla
a la muerte
y sonríe detrás
del viento
a mis delirios
Qué haré
con el miedo
Qué haré
con el miedo
Ya no baila la luz
en mi sonrisa
ni las estaciones
que man palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde
la muerte
enseña a vivir
a los muertos
Señor
El aire me castiga
el ser
Detrás del
aire hay monstruos
que beben de mi sangre
Es el desastre
Es la hora del vacío
no vacío
Es el instante de
poner cerrojo a los labios
oír a los condenados
gritar
contemplar a cada
uno de mis nombres
ahorcados en la nada.
Señor
Tengo veinte años
También mis
ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen
nada
Señor
He consumado mi vida
en un instante
La última inocencia
estalló
Ahora es o nunca jamás
o simplemente fue
¿Cómo
no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para
reaparecer en el mar
donde un gran barco
me esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo
no me extraigo las venas
y hago con ellas una
escala
para huir al otro
lado de la noche?
El principio ha dado
a luz el final
Todo continuará
igual
Las sonrisas gastadas
El interés
interesado
Las gesticulaciones
que remedan amor
Todo continuará
igual
Pero mis brazos insisten
en abrazar al mundo
porque aún
no les enseñaron
que ya es demasiado
tarde
Señor
Arroja los féretros
de mi sangre
Recuerdo mi niñez
cuando yo era una
anciana
Las flores morían
en mis manos
porque la danza salvaje
de la alegría les destruía el corazón
Recuerdo las negras
mañanas del sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos
Señor
La jaula se ha vuelto
pájaro
y ha devorado mis
esperanzas
Señor
La jaula se ha vuelto
pájaro
Qué haré
con el miedo
Afuera
hay sol.
No
es más que un sol
pero
los hombres lo miran
y
después cantan.
Yo
no sé del sol.
Yo
sé de la melodía del ángel
y
el sermón caliente
del
último viento
Sé
gritar hasta el alba
cuando
la muerte se posa desnuda
en
mi sombra.
Yo
lloro debajo de mi nombre.
Yo
agito pañuelos en la noche
y
barcos sedientos de realidad
bailan
conmigo.
Yo
oculto clavos
para
escarnecer a mis sueños enfermos.
Afuera
hay sol.
Yo
me visto de cenizas.
¿Y
quién no tiene un amor?
¿Y
quién no goza entre amapolas?
¿Y
quién no posee un fuego, una muerte,
un
miedo, algo horrible,
aunque
fuere con plumas
aunque
fuere con sonrisas?
Siniestro
delirio amar una sombra.
La
sombra no muere.
Y
mi amor
sólo
abraza a lo que fluye
como
lava del infierno:
una
logia callada,
fantasmas
en dulce erección,
sacerdotes
de espuma,
y
sobre todo ángeles,
ámgeles
bellos como cuchillos
que
se elevan en la noche
y
devastan la esperanza.
He
llamado al viento,
le
confié mi ser.
Pero
un pájaro muerto
vuela
hacia la desesperanza
en
medio de la música
cuando
brujas y flores
cortan
la mano de la bruma.
Un
pájaro muerto llamado azul.
No
es la soledad con alas,
es
el silencio de la prisionera,
es
la mudez de pájaros y viento,
es
el mundo enojado con mi risa
o
los guardianes del infierno
rompiendo
mis cartas.
He
llamado, he llamado.
He
llamado hacia nunca.
¿Qué
bestia caída de pasmo
se
arrastra por mi sangre
y
quiere salvarse?
He
aquí lo difícil:
caminar
por las calles
y
señalar el cielo o la tierra.
Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.
Poco sé de la noche
pero la noche parece
saber de mí,
y más aún,
me asiste como si me quisiera,
me cubre la existencia
con sus estrellas.
Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
Tal vez la noche es nada
y las conjeturas sobre
ella nada
y los seres que la
viven nada.
Tal vez las palabras
sean lo único que existe
en el enorme vacío
de los siglos
que nos arañan
el alma con sus recuerdos.
Pero la noche ha de
conocer la miseria
que bebe de nuestra
sangre y de nuestras ideas.
Ella debe arrojar
odio a nuestras miradas
sabiéndolas
llenas de intereses, de desencuentros.
Pero sucede que oigo
a la noche llorar en mis huesos.
Su lágrima
inmensa delira
y grita que algo se
fue para siempre.
Alguna vez volveremos a ser.
mis
manos crecían con música
detrás
de las flores
pero
ahora
por
qué te busco noche,
por
qué duermo con tus muertos