Mario Benedetti
Paso de Los Toros, Tacuarembó, Uruguay, 14 de septiembre 1920
Ningún padre
de la iglesia
ha sabido explicar
por qué no
existe
un mandamiento once
que ordene a la mujer
no codiciar al hombre
de su prójima.
Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
ni hasta diez
sino contar
conmigo.
Si alguna vez
advierte
que la miro a los
ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué
delirio
a pesar de la veta
o talvez porque existe
usted puede contar
conmigo.
Si otras veces
me encuentra
huraño sin
motivo
no piense qué
flojera
igual puede contar
conmigo.
Pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe
que puede
contar conmigo.
Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de
sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro
te dejo frente al
mar descifrándote
sola sin mi pregunta
a ciegas sin mi respuesta
rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde
menos lo esperes
por ejemplo en un
árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un
lejano horizonte
sin horas en la huella
del tacto
en tu sombra y mi
sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda
estar de tu sueño
en la red esperando
tus ojos
y mirándote.
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón
tranquilo
no dejes caer los
párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin
sueño
no te pienses sin
sangre
no te juzgues sin
tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón
tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo