Juan José Arreola
Palindroma
Un cuerpo claro
se desplaza limpiamente en el cielo. Usted enciende
sus motores y despega vertical. Ya en plena aceleración,
corrige su
trayectoria y se acopla con ella en el perigeo.
Hizo un cálculo perfecto. Se trata de un cuerpo de mujer que sigue como casi todas un órbita elíptica.
En el preciso
momento en que los dos van a llegar a su apogeo,
suena el despertador con retraso. ¿Qué
hacer?
¿Desayunar
a toda velocidad y olvidarla para siempre en la oficina?
¿O quedarse en la cama con riesgo de perder el
empleo para intentar un segundo lanzamiento y cumplir su misión
en el espacio?
Conteste con
toda sinceridad. Si acierta le enviamos a vuelta de
correo y sin costo alguno, la reproducción de
un cuadro que Marc Chagall
ha pintado especialmente a todo color para los lectores
interesados en el
tema.
No la oiga gritar. Recobre inmediatamente el equilibrio entre temor y temblor. Recuerde que la cuerda es floja y que usted irá por la vida ya para siempre en monociclo.
La rueda de
este vehículo intelectual puede ser una pieza de queso parmesano
o la imagen de la luna sobre el agua, según temperamento.
Se me rompió
el corazón en la trepada al monte Ventoux y pedaleo
más allá de la meta ilusoria. Ahora pregunto
desde lo eterno del hombre: ¿Cómo puedo emplear con ventaja
los tres egundos que logré descontar
a mi más inmediato perseguidor?
Un aerolito
gigantesco se acerca a la Tierra con velocidad de
mil kilómetros por segundo. ¿Es usted hombre
de ciencia? Conteste
rápidamente sí o no, para saber lo que
anda haciendo en la zona del
impacto.