(Colombia,
1951 - )
Pero también, debido a algo inexplicado, a un inigualable acto
de azar, tirados como setas en
la hierba, exploramos todos los milenios,
huimos de bestias prehistóricas,
peleamos todas las guerras, somos
millones estirándonos bajo
el arco iris de la eternidad, mientras combaten dragón y anhelo
en las nubes.
El sol nos llama y titubear es morir. Vuela, vuelo bello cisne del
deseo, todo se puede lograr.
Caminando sobre el blanco rocío, descálzate. La edad del
hombre
es la de su mirada sobre el bosque
legendario.
También he visto a un oscuro
alfarero moldear
y quebrar a su antojo la masa obediente.
Yo me ocupo impaciente en dislocar
la tortuosa
coherencia de estos días.
Y no me quedaré a vuestra
carnicería, —
¿a vuestros guías,
quién los guía?—,
no me gusta su mar de sangre que
quiere eternidad.
Para los sordos canto: en saber
partir reside el
secreto del impulso.
Contra el fanático enemigo
fuimos diez hombres nada más;
ciento eran ellos en la cima;
sólo yo quise escapar.
Por los peldaños de la sangre
fueron a la inmortalidad...
Hay nueve estrellas sobre el bronce:
¡...nadie de mí se
acordará!