Fuiste un testigo indolente
ni comprendiste
Ni a ayudaste a la víctima
Fuiste un cómplice de la perfidia y la ignorancia
Tácitamente aceptaste
que aquel hombre no valía la pena
Cuando lo llevaban al matadero
estabas cerca de él
y sólo miradas de rencor le prodigaste
Cuando te preguntaron
si aquel amigo que aparecía en sus poemas eras
tú
lo negaste airado
¿Hoy que vives entre cosas cotidianas
te olvidas de aquella época ilustre
cuando a tus pies tuviste la poesía?
Cuanta congoja agazapada
llevas Eusebio
El paisaje moral de tus contemporáneos
te afectó como una lepra blanca
Eres demasiado sensible muchacho
Recógete en los libros
en tu alquimia
en el calor de tu madre
El resto no vale la pena Eusebio
Son fantasmas
Muchedumbres de fantasmas ebrios.
Y sin embargo vuelve
en esta noche aciaga
con algo de hermosura
Por algo se dice
que con el tiempo uno perdona casi todo
Vuelve con sus cicatrices en el alma
de fugada de un harén
con sus "mierda" en árabe y en español
Con su soledad en esos dos idiomas
Y ese vago destello en su espalda
de alta espiga de Siria
¿Qué pecado tremendo está purgando
ese honrado par de viejos? ¿Innombrable?
Lo cierto es que el padre le habló en su niñez
de libertad
De que Honoré de Balzac era un hombre notable
De la Canción de la vida profunda
Sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo
No quiero que se vaya
Si es tan tierna
Si parece que tuviera en vez de huesos
plumas
En vez de voz puro aliento
en vez de amistad un pleno amor
Catalina vale un millón de besos en poemas
Catalina es un corazón de viento
y el viento quisiera ser yo