Los dos, los
de los tiempos.
El esbelto
de luna, moro triste,
y el de la
nieve en forma de corazón.
Y es cierto que mil pesos al mes te van embaldosando
la vereda y a todos
-pobre pastito arrancado, mastuerzo del verano-
les gusta andarle encima.
Caracol, caracol,
saca los cuernos al sol.
Y si esta oscuridad no los contiene a ambos
¿dónde encontrarme a mí? En mi matecito amargo,
en mi oficina de San Martín y Corrientes.